Salud Neurologica *

domingo, diciembre 24, 2006

Las experiencias de la vigilia se repiten en múltiples partes del cerebro de forma coordinada durante el sueño

Se ha comprobado en un modelo experimental la importancia de estas repeticiones para el aprendizaje y la memoria


Redacción, Madrid (24-12-2006).- Las experiencias de la vigilia vuelven a repetirse en múltiples partes del cerebro de forma coordinada durante el sueño, según un estudio del Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge (Estados Unidos) que se publica en la edición digital de la revista Nature Neuroscience.

Los científicos registraron actividad neural en el hipocampo y la corteza visual de animales de laboratorio durante una parte del ciclo del sueño llamado sueño de ondas lentas y durante las sesiones de intervención de actividad cuando los animales estaban despiertos, que incluían una cantidad de tiempo invertido en correr hacia atrás y hacia delante sobre una cinta.

Investigaciones anteriores del mismo grupo habían mostrado que la actividad del hipocampo durante el sueño de ondas lentas a menudo recapitulaba secuencias de actividad producidas cuando la rata cruzaba un camino durante la vigilia.

El funcionamiento de tales repeticiones sigue sin conocerse, pero se ha sugerido su importancia para el aprendizaje y la memoria, quizás mediante la consolidación del recuerdo de episodios experimentados en la vigilia.

Los autores muestran ahora que una actividad similar de reproducción de la actividad cerebral se observa en la corteza visual, y que la reproducción en el hipocampo y la corteza visual tiende a producirse al mismo tiempo. Los resultados sugieren que las representaciones de la memoria del mismo episodio se reactivan durante el sueño en múltiples áreas del cerebro.

Este estudio no probó la función de la actividad de reproducción coordinada, pero los autores sugieren que esta función podría participar en la transferencia de información del espacio de almacenamiento temporal que proporciona el hipocampo a representaciones más permanentes de la corteza cerebral.

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Niveles elevados de vitamina D se relacionan con hasta un 62 por ciento menos de riesgo de esclerosis múltiple

Esta relación entre la vitamina D y la enfermedad neurodegenerativa no se observó sin embargo en individuos negros o hispanos.


Redacción, Madrid (24-12-2006).- Los niveles altos de vitamina D en la sangre están asociados con hasta un 62 por ciento menos de riesgo de desarrollar esclerosis múltiple, según un estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard en Boston (Estados Unidos) que se publica en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA).

La esclerosis múltiple es la más común entre las enfermedades neurológicas en adultos jóvenes y afecta a dos millones de personas en todo el mundo. Estudios previos han indicado que la vitamina D podría proporcionar un efecto protector, pero no existen pruebas concluyentes de ello.

Los científicos examinaron si los altos niveles en sangre de la 25-hidroxivitamina D está vinculada con un menor riesgo de esclerosis múltiple. El estudio incluyó a más de siete millones de personas que pertenecen al personal militar estadounidense. Los casos de esclerosis múltiple fueron identificados a través de las bases de datos sobre discapacidad física de la Marina y la Armada y los diagnóstico fueron confirmados a través de registros médicos. Cada caso del total de 257 fue emparejado con dos sujetos control en función de la edad, el sexo, la raza o etnia y los datos de las muestras de sangre recogidas.

Los investigadores descubrieron que entre los blancos, se daba un 41 por ciento de descenso en el riesgo de esclerosis múltiple por cada aumento de 50 nanomoles por litro en la 25-hidroxivitamina D.

Al dividir en cinco grupos a los participantes según los niveles de vitamina en sangre, el riesgo de esclerosis múltiple fue mayor entre los individuos del quintil con los niveles más bajos y menor entre aquellos del quintil con los niveles más altos de 25-hidroxivitamina D. Aquellos del quintil superior tenían un 62 por ciento menos de riesgo de esclerosis múltiple en comparación con los del quintil más bajo.

La relación inversa con la esclerosis múltiple fue particularmente fuerte en el caso de los niveles de la vitamina medidos antes de los 20 años. Entre los negros y los hispanos, que tenían menores niveles de vitamina que los blancos, no se descubrieron asociaciones entre la vitamina y la esclerosis múltiple.

Los investigadores señalan que sin embargo la recomendación amplia para un aumento del consumo de vitamina D entre adolescentes y jóvenes adultos requiere de pruebas más fuertes que las que proporcionan los estudios observacionales.

Los autores señalan que los mayores riesgos de desarrollar la enfermedad se encuentran entre los familiares de primer grado de las personas que la padecen y que por ello se debería realizar entre esta población un ensayo sobre la prevención de la enfermedad. Mientras, señalan los autores del estudio, no deberían utilizarse los suplementos de vitamina D hasta que no se demostrara su eficacia.

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lunes, diciembre 18, 2006

El neurotransmisor histérico y el complejo de serotonina

Albert Figueras: http://www.albertfigueras.com

El antiguo acuario de Barcelona estaba ubicado en el zoológico de la ciudad; en una enorme piscina circular que ocupaba la parte central del edificio, convivían ocho o diez delfines. El visitante subía hasta la azotea, procuraba encontrar un asiento para asistir al espectáculo en el que los cetáceos hacían sus múltiples piruetas a cambio de pedazos de sardina que comían en la mano del adiestrador cuando el resultado cumplía las expectativas.

Desde aquella azotea, se podía ver cómo los delfines pasaban por un aro elevado un par de metros sobre el agua, cómo se ponían sombreros, cómo apagaban un pequeño incendio o cómo derribaban los bolos empujando una pelota con el hocico.


Acabado el espectáculo, el visitante tenía la opción de pasear por las demás plantas, lo que significaba ir descendiendo para admirar los múltiples acuarios con peces procedentes de distintas partes del mundo. Los corredores eran circulares -como todo el edificio-, y en la parte central, unos enormes ventanales iban mostrando la piscina de los delfines a distintos niveles. En el primer subsuelo, sólo medio ventanal estaba bajo el nivel del agua; se veía, al mismo tiempo, el cuerpo sumergido del delfín y la cabeza con su simpático hocico buscando la caricia o el premio del cuidador.


Los sucesivos subsuelos, iban mostrando aspectos distintos de la enorme piscina, con el agua cada vez más oscura: primero los delfines en su nivel de natación habitual, desplazándose tranquilamente en posición horizontal; más abajo, los delfines que se sumergían para tomar impulso y realizar sus piruetas, o los que regresaban al agua tras esos saltos. En el último nivel, se veía el suelo de la piscina, donde una barca sumergida con el casco agujereado –recuerdo de viejas leyendas de piratas escuchadas en la infancia-, algunas grandes rocas con algas, bancos de arena, peces que viven en los fondos marinos y la salida de los tubos que oxigenaban el agua disimulados tras alguna de las rocas –elemento esencial para mantener la homeostasis del tanque.


Más que en un sincretismo difícil y que probablemente requiera dejar fuera bastantes principios de cada concepción del funcionamiento de la mente humana, la posible articulación entre psicoanálisis y neurociencias se debería encontrar en una aproximación similar a la imagen de la piscina de los delfines y sus distintos niveles de observación.

Las raíces

El psicoanálisis, el conductismo, la biología o la farmacología aplicadas a los procesos mentales y a la conducta humana, han aportado -cada uno por su lado- luz al conocimiento y han abierto puertas al manejo de la sintomatología de los pacientes.

Se han discutido mucho los pros y los contras de cada una de las aproximaciones. Se ha criticado la falta de base científica de las teorías del psicoanálisis, el reduccionismo que supone considerar que todas las personas responden del mismo modo mecánico a unos condicionamientos, o que la existencia de un receptor y del medicamento que se fija a este receptor, es suficiente para lograr que un paciente con una depresión mayor o con síntomas psicóticos regrese a la normalidad.

Todo ello es cierto, pero también lo es que intentar identificar las causas de una conducta en acontecimientos o traumas del pasado, aplicar técnicas de descondicionamiento en determinadas alteraciones, o prescribir el uso de los medicamentos apropiados a los pacientes adecuados, tiene una utilidad terapéutica apoyada por evidencias científicas.
Finalmente (aunque no por ello menos importante), no hay que olvidar los intereses derivados de cualquier escuela terapéutica: un sistema de capacitación propia y parafernalia para el diagnóstico y tratamientos diferenciales. Psicoanálisis, conductismo y neurobiología –neurofarmacología mueven miles de pesos cada año. La fusión en un neuroanálisis o una psicociencia no dejarían de tener consecuencias económicas negativas para más de uno.

¿Es posible la articulación?

Cuando los editores me plantearon la pregunta de si, a mi entender, existe alguna articulación posible entre psicoanálisis y neurociencias, recordé de inmediato el antiguo acuario de Barcelona, con su piscina central y los distintos niveles de observación.
Hoy en día sabemos que cualquier respuesta humana (desde el movimiento de un músculo hasta la taquicardia desencadenada por el miedo) requiere la participación de unos determinados neurotransmisores y otros mediadores neuronales. Del mismo modo, las neurociencias explican que las personas que muestran determinadas alteraciones mentales suelen tener unas concentraciones reducidas de serotonina o unos niveles elevados de dopamina, por ejemplo. Estas explicaciones son válidas si tenemos en cuenta sólo el nivel celular o molecular. Vendría a ser el tejido cerebral observado con microscopio electrónico.

Pero la persona es algo más. ¿Por qué un grupo neuronal acaba produciendo más dopamina o por qué consume más serotonina? ¿Por qué cuando el cerebro recibe determinados estímulos —o cuando anticipa la presencia de estos estímulos— algunos grupos neuronales se disparan y responden liberando unos neurotransmisores que, pongamos por caso, acaban produciendo taquicardia, sudoración, dolor gástrico o tensión muscular? Sin duda, comprender los mecanismos del condicionamiento proporciona explicaciones que ayudan a focalizar más el problema, puesto que ningún ser humano es sólo un conjunto de células, sino un conjunto de células en un entorno en el que acontecen cosas, positivas, negativas o neutras. Ese sería un segundo nivel de observación; la realidad vista con una lupa.

Pero todavía es posible tomar algo más de perspectiva, puesto que cada persona, más allá de un conjunto de células que responde a estímulos condicionado por unas circunstancias externas, tiene memoria de la experiencia pasada y es capaz de responder a todo ello de una manera más o menos creativa, más o menos resistente, más o menos patológica. En este último contexto, en el impacto de las experiencias pasadas y su valoración cuando hay que dar una respuesta puntual concreta del momento presente, un tercer nivel de observación permitiría cerrar el círculo. La explicación última (llámense motivaciones, frustraciones, complejos o traumas, según el caso) y la investigación del momento y las circunstancias en las que se originaron, pueden contribuir a reforzar el concepto único de cada persona, en el que unas mismas células que responden siguiendo la mecánica biológica, se condicionan para responder de un modo u otro a partir del recuerdo, de la anticipación del futuro y de la imaginación y, así, van conformando la manera de ser propia y diversa de cada persona. Sería el individuo observado con unas sencillas gafas de sol.
Esta observación (explicación) con distinto grado de acercamiento es complementaria –no excluyente-, cuando no nos empeñamos en mantener la rigidez de los dogmas más allá de lo necesario.

La articulación de las explicaciones de la conducta en distintos planos permitiría mejorar el acercamiento terapéutico a los pacientes pues, si bien hay quién responde a los antidepresivos o a los antipsicóticos, también hay pacientes que recaen o hay pacientes que ni siquiera los toleran. Probablemente existen factores adicionales que explican el fracaso terapéutico, más allá de las justificaciones de una única visión. Es en este contexto, donde la incorporación de la visión conductista y la visión psicoanalista a la neurofarmacológica lograría sumar esfuerzos en lugar de restarlos (y lo mismo es válido para el fracaso psicoanalítico o conductista).

En cualquier caso, aprender a navegar con los mínimos niveles posibles de adrenalina (de miedo o de complejos) en el mar de la Incertidumbre del saber, y asumir la flexibilidad de las fronteras filosóficas (que no dejan de ser algo artificial), es la única vía para avanzar en el conocimiento.



* El médico farmacólogo catalán Albert Figueras visitó la Argentina hace pocas semanas. Intramed mantuvo una entrevista con él a raíz de la publicación de “Optimizar la vida” claves para reconocer la felicidad (Alienta editorial) donde analiza muchas de las situaciones de la vida cotidiana desde una perspectiva científica.


* Accede a la entrevista haciendo click aquí




Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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jueves, diciembre 14, 2006

El nivel socioeconómico determinaria la demencia senil

Según el reciente estudio europeo Health ABC, el bajo nivel socioeconómico de las personas podría favorecer o condicionar el deterioro cognitivo, sobre todo en las personas de la tercera edad MADRID (El País).— Cada vez parece más probable una relación entre el nivel social y económico y la función mental y física, aunque los estudios publicados hasta el momento son poco concluyentes. El bajo nivel socioeconómico constituye un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares e infartos cerebrales, ya que los datos epidemiológicos ponen de manifiesto que la obesidad, los niveles elevados de azúcar, la hipertensión y la insuficiencia respiratoria son más frecuentes en las personas que no gozan de un nivel socioeconómico elevado. Recientemente, han sido publicados los resultados de un estudio europeo conocido como Health ABC que ha estudiado a más de 3,000 personas de la tercera edad para determinar la relación entre el nivel socioeconómico y el deterioro cognitivo. Los resultados del trabajo concluyen que, en la población de la tercera edad, aquellos con un nivel socioeconómico bajo tienen un riesgo más elevado para desarrollar un deterioro cognitivo, en comparación con las personas de características similares, que disfrutan de una posición social superior. Además aquellas personas que eran obesas, hipertensas o con niveles elevados de los marcadores de la inflamación en la sangre multiplicaban el riesgo de sufrir demencia senil. El nivel cultural, íntimamente relacionado con la posición social y económica, es un indicador de riesgo para desarrollar el deterioro cognitivo. Además, las personas con nivel cultural elevado tienen mayor facilidad para completar las pruebas empleadas en la evaluación del nivel cognitivo. En conclusión, las características sociales y económicas de cada persona pueden determinar de forma aproximada el riesgo estimado para padecer un deterioro cognitivo durante su vida. Para algunos especialistas, las condiciones en las que crece un niño también pueden determinar un riesgo elevado de sufrir demencia durante la tercera edad. Actualmente, se llevan al cabo trabajos epidemiológicos para evaluar la posibilidad de corregir los factores sociales y económicos que aumentan el riesgo de desarrollar un deterioro cognitivo y poder disminuir la incidencia de trastornos mentales en las personas de la tercera edad.

http://www.yucatan.com.mx/

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