Las señales del cerebro
Científicos estadounidenses han descubierto -o constatado- que personas en estado vegetativo son capaces de experimentar emociones y quizá visualizar recuerdos, aunque no puedan comunicarlos. Mediante técnicas de resonancia magnética, los investigadores hicieron comparaciones entre la actividad cerebral de esos pacientes y la de otras personas sanas, a partir de determinados estímulos, y pudieron comprobar, no sin cierto asombro, cómo las áreas que procesan el lenguaje y la vista generaban, aparentemente, la misma actividad en los dos grupos.
En algunos casos, la estimulación consistió en ponerles una grabación con la voz de personas que les contaban historias familiares o se dirigían a ellos directamente proponiéndoles alguna cuestión.
Los resultados de estos trabajos parecen demostrar que las redes neuronales de esta clase de pacientes pueden conservar su actividad en ciertas condiciones, hipótesis que en general estaba siendo descartada por los científicos.
La creencia más extendida era que los pestañeos, las sonrisas y los gestos de algunos de los que permanecían en estado vegetativo debían interpretarse como actos reflejos en vez de como indicios claros de consciencia. El descubrimiento viene a demostrar que la tozudez de muchos familiares al insistir en que su seres queridos respondían a sus estímulos eran algo más que actos de falso optimismo dictados por el deseo de ver alguna posibilidad de curación, aunque fuese remota.
Todos recordaremos, bien por haberlo vivido, bien por haberlo sabido a través de los medios de comunicación, algún caso conmovedor. «Yo sé que me entiende, mientras le hablo y hasta tengo la sensación de que me aprieta la mano, cuando se la cojo», hemos oído decir. Pero los médicos, sin descartar esa hipótesis, eran escépticos, a falta de pruebas más contundentes. Ahora, puede que empiecen a tenerlas, lo que seguramente reabrirá el debate sobre la eutanasia y sobre los límites de la asistencia sanitaria a los enfermos de casi imposible curación.
Pese a todo, habrá que esperar hasta conocer con total certeza las conclusiones finales de esa investigación. Los estudios sobre el cerebro son complicados. Todavía no hace mucho, leí unas declaraciones del neurocientífico sevillano José María Delgado en las que nos prevenía sobre el carácter excesivamente especulativo de las investigaciones en esa materia... «El cerebro es complicado de entender», decía, «no sólo porque tenga millones de neuronas, sino porque éstas son de muy diversos tipos y la mayoría de ellas no tenemos ni idea de lo que hacen. Apenas hay tres o cuatro clases sobre las que sabemos algo. Que una zona se active no significa que controle totalmente un determinado tipo de actividad». Aguardemos.
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp
En algunos casos, la estimulación consistió en ponerles una grabación con la voz de personas que les contaban historias familiares o se dirigían a ellos directamente proponiéndoles alguna cuestión.
Los resultados de estos trabajos parecen demostrar que las redes neuronales de esta clase de pacientes pueden conservar su actividad en ciertas condiciones, hipótesis que en general estaba siendo descartada por los científicos.
La creencia más extendida era que los pestañeos, las sonrisas y los gestos de algunos de los que permanecían en estado vegetativo debían interpretarse como actos reflejos en vez de como indicios claros de consciencia. El descubrimiento viene a demostrar que la tozudez de muchos familiares al insistir en que su seres queridos respondían a sus estímulos eran algo más que actos de falso optimismo dictados por el deseo de ver alguna posibilidad de curación, aunque fuese remota.
Todos recordaremos, bien por haberlo vivido, bien por haberlo sabido a través de los medios de comunicación, algún caso conmovedor. «Yo sé que me entiende, mientras le hablo y hasta tengo la sensación de que me aprieta la mano, cuando se la cojo», hemos oído decir. Pero los médicos, sin descartar esa hipótesis, eran escépticos, a falta de pruebas más contundentes. Ahora, puede que empiecen a tenerlas, lo que seguramente reabrirá el debate sobre la eutanasia y sobre los límites de la asistencia sanitaria a los enfermos de casi imposible curación.
Pese a todo, habrá que esperar hasta conocer con total certeza las conclusiones finales de esa investigación. Los estudios sobre el cerebro son complicados. Todavía no hace mucho, leí unas declaraciones del neurocientífico sevillano José María Delgado en las que nos prevenía sobre el carácter excesivamente especulativo de las investigaciones en esa materia... «El cerebro es complicado de entender», decía, «no sólo porque tenga millones de neuronas, sino porque éstas son de muy diversos tipos y la mayoría de ellas no tenemos ni idea de lo que hacen. Apenas hay tres o cuatro clases sobre las que sabemos algo. Que una zona se active no significa que controle totalmente un determinado tipo de actividad». Aguardemos.
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